Cuando se visita por tercera vez un país en el que los recuerdos y las sensaciones anteriores han sido buenas y en el que se ha conocido a gente encantadora y admirable, una tiene la sensación de volver a casa (independientemente de que se hable el mismo idioma, de que sea la misma cultura, de la distancia, del desarrollo, etc.).
Saber que a mi vuelta y al regreso de los voluntarios que compartimos experiencia van a seguir atendidos por Sor Justina y las demás hermanas, los monitores y las chicas del Foyer ( http://www.dakarpouponniere.com/El-Hogar-Maria-Goretti.htm ), hace que me vaya feliz, dando gracias por saber que cuando un grupo de personas dedica toda su vida y todo su interés dedicado a los más débiles, cuando todo el dinero, el esfuerzo y la vida se vuelca en los más frágiles de la sociedad, los milagros dejan de ser misterio y forman parte de la realidad.
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Saliendo de la Pouponniere a mano izquierda se coge el autobús que por 30 céntimos te lleva al barrio del Grand Yoff. Ahí, engalanada por árboles y custodiada por varias planchadoras que con sus planchas de brasas y usando el suelo como tabla se ganan el pan de cada día, se encuentra Kër Taize, un edificio de dos pisos con un agradable patio interior y mucha magia.
Kër en wolof significa casa, y la de Taizé tiene las puertas abiertas también a mujeres que van cada tarde a coser. Hacen de todo: bolsos, muñecos, baberos, colchas, ect., y lo venden en Dakar o en otras ciudades de Europa. En España se distribuye desde Barcelona. Gracias a ello y a ellos (a todos los que forman este entramado), las mujeres obtienen ingresos que en este caso son dignos y bien valorados. Aquí puedes ver el catálogo y conocer más sobre ellos http://akbenn.webs.com/quehacen.htm
Un día vi que llegar a un niño con la pierna y el brazo malamente vendados acompañado de su madre. Otro día observé algo similar; era habitual ver gente esperando a ser curada o a recibir atención sanitaria. En realidad el hospital está a unos pasos, pero muchas veces la gente no tiene dinero para pagar los medicamentos que les recetan (los sueldos allí rondan los 150 o 200 euros) y todos saben que en Kër Taizé van a ser atendidos, curados y escuchados por los hermanos.
He ahí dos rincones de esos que hacen que el mundo sea cada vez más bonito, que el amor venza a a la violencia y al miedo que nos inculcan en las pantallas.
Y si esto es emocionante, más aún es compartirlo. Mucha ropita de bebé, medicamentos infantiles y más de mil euros hacen que vosotros seáis también parte de la Pouponniere. También sois vosotros los que habéis hecho posible que material escolar variado, medicinas de niños y adultos y hasta una guitarra estén hoy en manos de los que se acercan a Kër Taizé. Gracias, miles de gracias, millones de gracias de parte de los responsables de ambos lugares y de los que ya están haciendo uso de ello.
Dicen que a la tercera va la vencida, pero en mi caso he vuelto enamorada de la gente y de la vida.